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Hace más de un siglo mi bisabuela bajó de un tren en esta misma estación. Muchas veces imagino aquel momento e intento ponerme en su piel, mujer y madre de una niña, llegando a un país tan lejano al de su origen, a una tierra que apenas comenzaba a escribir su historia.

Dominga Bosa de Perassi, “Maringa” para su familia, viajó desde Italia con una historia que poco se conoce, pero que sin dudas forjó sus grandes convicciones, su inquebrantable fortaleza y su duro carácter. Según relatos en la intimidad familiar, Maringa migro a Argentina para empezar de nuevo, para construir una nueva historia, en busca de otra oportunidad.

Quienes la tuvieron cerca, dicen que poco hablaba sobre su pasado en el viejo continente, yo me animo a deducir que las penas la envolvían en silencio, porque viéndola en fotos, descubrí en su postura y en las facciones del rostro un profundo temor, temor del que no hubo rastros ni vestigios en sus decisiones y acciones; porque nada le impidió avanzar con objetivos de progreso y por supuesto de supervivencia.

Atando cabos sueltos, pude ir reflexionando la idea de que no fue casual su asentamiento en Oncativo; dicen los que saben que eligió esta tierra después de recorrer varias estaciones y postas de Córdoba; alguna particularidad vio en este lugar y Oncativo le retribuyo su elección con trabajo y con ese futuro que ella imaginó.

Maringa aportó sus conocimientos, siendo una de las primeras parteras del pueblo, también trabajaba como sastre, era curandera (preparaba un ungüento para quemaduras, que según me contaron era muy eficaz) y generaba siempre nuevas ideas, era muy hábil para concretar negocios.

Durante los primeros años compró varios terrenos en el pueblo hasta que descubrió el de la esquina Belgrano e Intendente Matta. Ahí puso sus ojos y lo eligió para asentarse hace más de 100 años; construyó la casa familiar y en el resto del terreno, sobre la actual calle Intendente Matta ofrecía alojamiento a los trabajadores, que transportaban en carros, las cosechas desde el campo hacia los pueblos y sobre la actual calle Belgrano, funcionaba un bar típico de la época, donde se celebraran bailes sociales que ella misma organizaba, eran eventos novedosos y muy concurridos, un espacio para el esparcimiento y la diversión.

En estas palabras, siento la necesidad personal y la responsabilidad moral de honrarla por haber sido parte de los comienzos de Oncativo. Quiero destacar primero su coraje, para migrar despojándose hasta de sus pertenencias materiales y atreverse a dar ese salto sin ninguna certeza esperándola de este lado; también quiero celebrar su fortaleza, su condición de mujer jamás la hizo doblegarse en aquella época.

Hoy celebro los 151 años de Oncativo, la tierra en la que ella confió y donde pudo volver a comenzar, sintiendo un punto de conexión con Maringa; paradójicamente, hace unos meses y después de muchos años viviendo en Córdoba, decidí volver a Oncativo con los mismos deseos que ella: un nuevo comienzo.

La diferencia es que yo encontré una ciudad en marcha, con muchas posibilidades y eso ha hecho más fácil mi llegada. Me resulta inevitable pensar en su comienzo mientras vivo el mío y eso me genera más admiración por ella, es movilizante caminar por estas calles sabiendo que las semillas plantadas dieron fruto y son parte de la historia que celebramos en cada aniversario de esta ciudad.

Felices 151 años Oncativo en nombre de Maringa y mío!

MARINA PERASSI.

 

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